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miércoles, 21 de abril de 2010

Tchaikovsky. Concierto para Violín. Serenata par Cuerdas. Bernstein, Stern, OF de New York. 1973 y 1970.


Vamos a dejar un CD maravilloso, por su interpretación y por su contenido.

Dos obras excepcionales del gran compositor ruso Tchaikovsky: su maravilloso Concierto para Violín y la no menos maravillosa y emotiva Serenata para Cuerdas.

No creo que sea necesario añadir que Tchaikovsky es uno de los compositores, al menos para mí, que de manera más sencilla, simple y directa es capaz, con su música, de llegar a tocar la fibra más delicada de la sensibilidad y de la emoción pura. Estas dos obras son una muestra de lo comentado. No te pueden dejar indiferente y si así es tienes un corazón muy duro.

El concierto para violín fue estrenado por el violinista Adolph Brodsky (que no era el destinatario inicial del mismo), con poco éxito y bastantes críticas (¡ay, ese Hanslick!), en Viena en 1881. En su composición recibió la ayuda técnica de uno de sus antiguos estudiantes, el violinista Iósif Kotek que posteriormente le ayudaría a establecer contacto con Nadezhda von Meck, mecenas y confidente futuro. El destinatario inicial del concierto, Auer, aceptaría finalmente el mismo y ayudaría con las enseñanzas a sus alumnos, Jascha Heifetz y Nathan Milstein, a la difusión del mismo. La emoción personal, todo el ser de Tchaikovsky fluye por la obra. Y creo que, no con menor intensidad, fluye por los intérpretes de esta versión, no tenida como una referencia de la misma, pero ejecutada con un gusto, una sensibilidad y una perfección técnica maravillosa (Stern está soberbio).

En cuanto a la Serenata para Cuerdas, poco hay que añadir. Es una maravillosa obra de arte. Tchaikovsky la compuso en septiembre de 1880, al mismo tiempo que estaba trabajando en su Obertura 1812. Se escribió a modo de una serenata orquestal que serviría como un homenaje a las del propio Mozart. Inspirado, completó el trabajo relativamente rápido, pareciendo mucho más satisfecho con ella que con su composición hermana, la obertura. La obra se estrenó en San Petersburgo en 1881 y tuvo un éxito inmediato recibiendo felicitaciones por el trabajo de uno de sus héroes musicales, el pianista y compositor Antón Rubinstein. Según palabras del propio compositor a su mecenas, Nadezhda von Meck, "...la obra se escribió desde la compulsión interna . Esta es una pieza de corazón."

Y les aseguro que corazón no falta en ella. Es bellísima, delicadísima, emotiva, dulce, de sonoridad preciosa, directamente impactante al corazón. Una verdadera obra de arte, colorida, brillante, graciosa, melodiosa, señorial, delicada, finamente dulce y firme.

Os dejo las versiones de estas dos obras por Bernstein, Stern y la Orquesta Filarmónica de New York. A disfrutar de ellas.




Tchaikovsky
Concierto para Violín
Bernstein
Stern
Orquesta Filarmónica de New York
5 de marzo de 1973

Serenata para Cuerdas
Bernstein
Orquesta Filarmónica de New York
22 de octubre de 1970






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