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viernes, 2 de abril de 2021

Haydn. Las Siete Últimas Palabras de Nuestro Redentor en la Cruz. Jeno Jandó. Piano. 2013.

 

En estos días en los que los católicos celebramos la Semana Santa o Semana Mayor viviendo y reflexionando sobre los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús quizá sea apropiado dejaros una obra significativa sobre el sentido religioso y espiritual de la misma. Y creo que una de las más apropiadas es esta bellísima obra de Haydn: Las Siete Últimas Palabras de Nuestro Redentor en la Cruz.

La obra tiene un profundo poso espiritual y es una magnífica composición orquestal llena de humanidad, profundidad y sentimiento.

Tiene un origen hispanoamericano resultado del encargo del Padre José Sáenz de Santamaría, nacido en Veracruz, y director espiritual de la Cofradía Gaditana de la Madre Antigua que emprendió a sus expensas la construcción del Oratorio de la Santa Cueva y que quiso enriquecerlo con una pieza musical que acompañara la predicación de las Sietes Palabras en la mañana del Viernes Santo.

El marqués de Méritos y el marqués de Ureña, que eran músicos, intervinieron para que el famoso compositor austriaco Joseph Haydn escribiera la obra "Las Siete Últimas Palabras de Nuestro Redentor en la Cruz", que se estrenó en Cádiz el Viernes Santo de 1783, convirtiéndose desde entonces en uno de los momentos cumbres de la Semana Santa gaditana, por su belleza, hondura y profundos sentimientos de piedad que imprime en el alma de quien, con religioso fervor, une en su interior la meditación de las divinas palabras y la expresividad de es música incomparable.


En el prefacio de la primera edición de la obra Haydn indica: "Hace unos quince años, un canónigo de Cádiz me solicitó que compusiera música instrumental sobre las siete últimas palabras de Cristo en la cruz. En esa época se acostumbraba hacer un oratorio cada año, durante la cuaresma [...]: las paredes, ventanas y columnas del templo estaban cubiertas con telas negras y una lámpara colgada en el centro proporcionaba luz en esta santa oscuridad. Al mediodía, se cerraban las puertas y la música comenzaba. Después de un apropiado preludio, el obispo subía al púlpito, pronunciaba una de las siete palabras y procedía a comentarla. Luego bajaba del púlpito y se arrodillaba ante el altar. Durante esta pausa se volvía a tocar música. De manera similar, el obispo subía y bajaba del púlpito para cada una de las restantes palabras, y la orquesta tocaba en cada pausa".

La versión que dejamos hoy es una versión aprobada por el maestro Haydn, que no escrita directamente por él, pero que resulta absolutamente impresionante y bellísima en las manos del enorme pianista Jandó, un verdadero artista, músico profundo y conocedor de la obra de Haydn como el que más.


La Introducción D menor predice algo del drama detrás de lo que está por venir, sus solemnes acordes punteados dando paso a momentos más conmovedores y contrastes dinámicos dramáticos.

La primera sonata, en si es mayor, toma las primeras palabras, Pater, Pater, dimitte illis quia nesciunt quid faciunt (Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen), la música que se hace eco de la importancia de este acto de perdón.

Conduce a la segunda de las siete sonatas, la C menor Hodie mecum eris en Paradiso,(Este día estarás conmigo en el Paraíso), con sus destellos del Cielo en un tema secundario que aparece primero, en la repetida sección de apertura, en E flat major y, en la segunda sección de la pieza, en Do mayor.

La tercera sonata, Ecce, Mulier, filius tuus (Mujer, he aquí a tu hijo), en E major, se abre con un eco exacto de las palabras latinas, pasando al B mayor dominante en la primera sección repetida.

La cuarta sonata ¿Deus meus, Deus meus y Quid dereliquisti me? (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?/ Eli. Eli, lama sabacthani?) está en F menor, la melodía inicial haciéndose eco de las palabras latinas.

La quinta sonata toma la única palabra Sitio (Tengo sed). En A major, la música es suave, después de la llamada de apertura a nuestra atención. La palabra Sitio se hace eco aparentemente en un intervalo descendente simple recurrente de un tercio, mientras que la apertura de la segunda parte de la sonata, después de la repetición de la primera sección, introduce un elemento de drama trágico.

La sexta sonata, en si menor, toma el texto Consummatum est (Se logra), las palabras esbozadas en las tres primeras barras, la fuente de un motivo recurrente. La sonata termina con un pasaje final en un tranquilo G major.

L séptima sonata, las últimas palabras, En manus tuas, Domine, commendo spiritum meum (En tus manos, Oh Señor, entrego mi espíritu) se reflejan en una sonata E flat major que sigue un patrón similar, una primera sección repetida, modulación al dominante, seguida de una segunda sección que comienza introduciendo teclas contrastantes.

Aquí, sin embargo, la sonata nos prepara gradualmente para lo que está por seguir, el terremoto final, el velo del templo rasga de arriba a abajo y las rocas rompen, todo se destroza en un dramático C menor.


Reflexionemos sobre el significado profundo de esta preciosa obra del maestro Haydn y ojalá con ellas podamos ver algo más alla de las notas, algo más inmaterial e intangible que es Dios.




Haydn
Las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz

(Versión piano, publicada por el editor de Haydn, Artaria, con su autorización y realizada por otro autor con la supervisión y el visto bueno de Haydn).

Piano
Jeno Jandó

Grabación
Phoenix Studio, Diósd, Hungría, 22 y 23 de julio de 2013





miércoles, 31 de marzo de 2021

Weber. Conciertos para Clarinete. Concertino. Wildner. Czecho-Slovak State Philharmonic (Kosice). 1990.

 


Queridos amigos breve entrada para un disco maravilloso y que espero que disfruten. Una delicia esta serie de piezas de concierto para clarinete del gran Weber, una joyita.

Interpretaciones delicadas y preciosistas por parte de una sutil dirección del maestro Wildner y su orquesta de Kosice que arropan al maravilloso clarinetista Ernst Ottensamer, clarinete principal que fue de la Filarmónica de Viena (puesto en el que le sucedió uno de sus hijos mientras el otro lo hacía en la Filarmónica de Berlín).

Repito una delicia para apreciar y paladear.


De forma muy breve, Carl Maria von Weber compuso un concertino y dos conciertos para clarinete y orquesta.

La primera pieza, el Concertino en mi bemol mayor, op. 26, fue estrenada por el clarinetista bávaro Heinrich Bärmann (1794-1847) el 5 de abril de 1811, y tuvo tanto éxito que el rey Maximiliano I de Baviera, inmediatamente comisionó otros dos conciertos.

El Concierto nº 1 en fa menor, op. 73, fue compuesto entre abril y el 17 de mayo de ese mismo año, siendo estrenado el 13 de junio.

El segundo, Concierto nº 2 en mi bemol mayor, op. 74, fue completado el 17 de julio y fue estrenado en Múnich el 25 de noviembre aunque se da fecha también de 25 de diciembre de 1813.

Ambos conciertos fueron estrenados por el mismo Bärmann.

Weber compuso además de estas tres obras otras dos para el mismo intérprete.




Weber
Concierto para Clarinete nº 1 y nº 2
Concertino

Ernst Ottensamer, clarinete
Czecho-Slovak State Philharmonic (Kosice)
Johannes Wildner

Grabación:
House of Arts, Kosice, del 19 al 21 de febrero de 1990




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domingo, 28 de marzo de 2021

Bruckner. Sinfonía nº 4. Horenstein. Northern Symphony Orchestra BBC. 1968.

 


Queridos amigos avanzamos un pasito más en una serie que tenía algo abandonada. La maravillosa serie de grabaciones que el maestro Horenstein realizó de las sinfonías brucknerianas. Una verdadera delicia escuchar al maestro en una música que si bien no le llega a ser de la más afecta da muestras de una enorme pasión en su desbrozamiento y exposición.

La Sinfonía nº 4 en mi bemol mayor es una de las composiciones más populares de Anton Bruckner. Fue escrita en 1874 y revisada sucesivas veces hasta 1888. Está dedicada al Príncipe Konstantin de Hohenlohe-Schillingsfürst. Su estreno tuvo lugar en Viena, bajo la dirección de Hans Richter, con gran éxito. Se cuenta, en una anécdota legendaria, que ilustra el carácter ingenuo y la bonhomía de Bruckner, que el compositor, agradecido por el trabajo de Richter en el estreno, le obsequió con una moneda, "para que se tome una cerveza". El subtítulo de Romántica fue utilizada por el propio compositor, y se refiere al concepto de romance medieval, tal y como se refleja en Lohengrin o Siegfried, de Wagner.

La sinfonía tiene cuatro movimientos:
  • Bewegt, nicht zu schnell (mi bemol mayor)
  • Andante, quasi allegretto (do menor)
  • Scherzo. Bewegt - Trio: Nicht zu schnell (si bemol mayor)
  • Finale: Bewegt, doch nicht zu schnell (mi bemol mayor)


Existen muchas evidencias de que Bruckner tenía en mente un programa para su Cuarta Sinfonía pero en general no se ha mantenido y en las últimas ediciones y revisiones prácticamente ha desaparecido.

Versiones/Ediciones


Versión original de 1874,compuesta entre el 2 de enero y el 31 de octubre de 1874; la orquestación terminó el 22 de noviembre. Editado por Nowak (1975).

Versión de 1878 - El Scherzo y el Trío fueron sustituidos por piezas completamente nuevas. El primer movimiento, el Andante y el Finale fueron revisados a fondo. Este Finale de 1878 (Volksfest) fue publicado por separado por Haas (1936) y Nowak (1981).

Primera versión de interpretación - En 1880 la Finale fue reemplazada por la que conocemos hoy en día. Esta fue la versión utilizada en la primera actuación, realizada el 20 de febrero de 1881 por Hans Richter. Inédito y sin grabar.

Versión de 1881. Las revisiones se hicieron justo después de la primera actuación, incluyendo un corte en el Andante y una reelaboración no trivial de la Finale. Esta fue la versión interpretada (con algunos cortes) en la segunda presentación de la obra el 10 de diciembre de 1881 por Felix Mottl en Karlsruhe. Normalmente llamada versión "1878/1880". Publicado por Haas (1936). (En 1944 Haas preparó otra edición, que en realidad es una mezcla de las versiones de 1881 y 1878).

Versión de 1886. Algunas pequeñas modificaciones, antes de enviar la partitura a Anton Seidl en Nueva York. Es posible que las modificaciones se completaran en 1882. La versión publicada por Nowak (1953) se basó en esta partitura, que se encuentra en la Universidad de Columbia. También se llama generalmente "1878/1880" versión.

Versión revisada 1887-88, impulsado por Loewe, pero ahora se cree que es principalmente el trabajo del propio Bruckner. Esta es la versión utilizada en la Primera Edición de la sinfonía, publicada en 1889, con algunas alteraciones, por Guttmann en Viena. Actuó en Múnich (¿Levi?) el 10 de diciembre de 1890.

En este registro el maestro Horenstein usa la versión de 1881 (en su revisión de versión de 1878/80) en Edición de Robert Haas en 1936.




Espero que disfruten de esta verdadera maravilla de la mano del gran Horenstein.


Bruckner
Sinfonía nº 4

Northern Symphony Orchestra de la BBC
Jascha Horenstein

Versión de 1881 (aka versión de 1878/80) en Edición de Robert Haas en 1936

Grabación
7 de febrero de 1968


viernes, 26 de marzo de 2021

Shostakovich. Sinfonías nº 1 y nº 5. Polka. Ormandy. Philadelphia Orchestra. 1959. 1965. 1966.

 


Queridos amigos, dejamos en esta preciosa noche de Viernes de Dolores la segunda entrega del ciclo parcial de sinfonías de Shostakovich por el maestro Ormandy al frente de una excepcional Philadelphia Orchestra, excepcional y en un estado de forma mágico.

Dos obras principales además de la preciosa Polka de La Edad de Oro la estudiantil Primera sinfonía que resulta absolutamente sorprendente en la aproximación del maestro que la convierte en una obra atrevida, inspirada e innovadora en su bella pasión y profundidad y la impresionante Quinta, obra en la que sin llegar las cimas impetuosas y abruptas de Lenny o de Mravinsky, Ormandy nos sorprende son una aproximación de belleza musical abrumadora, con todos los matices y sensaciones perfectamente equilibrados con una orquesta brutalmente bella y poderosa que hasta diría que algo frenada por el propio Ormandy.

Dos interpretaciones excepcionalmente bellas que hay que escuchar para llegar a entender que Ormandy fue uno e los grandes intérpretes de la música del maestro soviético.


La Primera sinfonía de Shostakovich es un verdadero prodigio de hermosura. Una obra con un enorme dinamismo, con una espectacular unión de ironía, ritmo, sarcasmo y belleza. Una obra de un compositor joven, muy joven, pero con una madurez extraordinaria, capaz de escribir una obra difícil como esta en sus ritmos y en su significado, plagada de sorpresas instrumentales y sonoras y que desborda vitalidad, magia, encanto y dinamismo.

Obra preparada para su graduación en el Conservatorio de Leningrado se escribió entre 1924 y 1925 y fue finalizada en diciembre de 1925, con tan solo 19 año y  estrenándose el 12 de mayo de 1926 por la Filarmónica de Leningrado dirigida por Nikolai Malko.

Aún a pesar de todos los comentarios referentes a sus carencias y que la tachan de excesivamente llena de influencias de otros compositores no deja de sorprender siempre y en cada una de las veces que se escucha por su hermosura, su instantánea asimilación sonora y su plenitud de color, ritmo, armonía, dinamismo y melodía. 

A pesar de su juventud Shostakovich logra una magnífica obra musical que incluso resulta más renovadora y musicalmente atractiva que sus dos siguientes sinfonías. Un impresionante muestrario de manejo de los diversos instrumentos, las cuerdas, vientos, maderas, piano, percusión y metales, sabiamente entrelazados, ofrecen momentos de belleza sonora indescriptibles.

Shostakovich nos ofrece además una preciosa forma de manejar los sentimientos y el carácter de la música con cambios bellísimos, inesperados y maravillosos de ritmo, instrumentación y tono de la música, permitiendo el salto desde lo satírico e irónico de los dos primeros movimientos al sentido más profundo, descarnado y trágico de la música de los dos últimos. Una verdadera obra de arte.

Preciosa sonoridad de la excelente orquesta de Philadelphia con una pulcritud de ejecución enorme, espectacular.



La espectacular y bellísima Quinta Sinfonía de Shostakovich fue compuesta entre abril y julio de 1937 y estrenada en Leningrado por la Orquesta Filarmónica de Leningrado bajo la dirección de Yevgueni Mravinsky, el 21 de noviembre del mismo año. La obra tuvo un enorme éxito el día de su estreno, y según Mstislav Rostropóvich recibió un aplauso de por lo menos cuarenta minutos y se mantiene en la actualidad como uno de los trabajos más populares del compositor. Y es que tiene argumentos para ello.

Genio precoz y que triunfó pronto con esa preciosa obra de fin de carrera que fue su Sinfonía nº 1, damos un salto temporal y pasamos a mediados de los años 30. Años difíciles, sometidos a ese "ideal artístico" que pretendía tener el "papá Stalin": el arte está destinado al pueblo (lo que entendían ellos y a su muy particular manera pueblo) y tenía que ser comprensible a ellos y ser vehículo de la ideología oficial (según muchos, lo banal y lo uniformemente repetitivo). Lo contrario era rechazado y llamado "formalismo", no era lo apropiado a transmitir el progresismo del que se creían dotados, no era vehículo justo para transmitir el ideal heroico del pueblo por ellos dominado. Lo que Prokofiev decía: llamaban "formalismo" a todo aquello que en una primera escucha no se entendía, o sea ¡tela marinera!

Shostakovich tiene que satisfacer dos requerimientos,  por un lado mantener su ideal artístico y su nivel y por otro ofrecer esa música atrayente para las masas. Difícil papeleta en la situación histórica en la que vivía. La quinta sinfonía parece ser su respuesta y logra ambas cosas. Y menos mal, porque las críticas oficiales, las amenazas, la depuración rondaban por ahí y eran peligrosas al extremo.

Apartado del mundanal ruido, se dedica a componer esta maravillosa obra. Y sus resultados fueron espectaculares. Para el público y para los guardianes de lo "adecuado", los políticos. El público adoró desde un principio la sinfonía, y las autoridades le dieron su bendición oficial. Si la Primera había significado la entrada triunfal de Shostakovich en la escena internacional, la Quinta Sinfonía habría de cimentar su importancia como el más destacado sinfonista del siglo.




La obra era estrenada el 21 de noviembre de 1937 por la Orquesta Filarmónica de Leningrado bajo la dirección de Evgeny Mravinsky. La obra lleva como subtítulo "Respuesta de un artista soviético a una crítica justa", algo justamente irónico, de realismo oficial nada de nada más bien lo contrario, triunfo de un realismo propio, ni optimista, formal como cualquiera otra y no basada en lo popular. Música de Shostakovich. Música pura para reflejar la tragedia de su pueblo.

Es una música hermosa, de cuerdas preciosas, temas amenazadores y líricos sabiamente combinados en un primer movimiento de crecimiento impresionante; un allegretto precioso; un largo doloroso, emotivo, duro y un movimiento final enorme, grandioso, un camino ascendente hacia una victoria final impresionante: un verdadero triunfo de su genio y del pueblo o parodia de lo que deseaban los "salvaguardas" de lo políticamente correcto. ¡He ahí la cuestión!

Aparte toda esta historia, lo transcendente está en el disco que os dejo y en la preciosa adaptación que de esos pentagramas y su significado realiza Ormandy, enorme, poderoso sin excesos, técnicamente perfecto en el manejo de los grupos orquestales, del ritmo, de las cadencias y por supuesto del sonido. Quizá un poquito menos de garra en el movimiento final pero...igual es su idea del triunfo.

Les dejos esta preciosidad de disco y deseo de todo corazón que lo aprecien y disfruten.



Shostakovich
Sinfonía nº 1
Sinfonía nº 5
Polka (The Age of Gold)

Eugene Ormandy
Philadelphia Orchestra


Grabaciones
Sinfonía nº 5, 8 de abril de 1965, Philadelphia, Town Hall
Sinfonía nº 1, 8 de noviembre de 1959, Philadelphia, Broadwood Hotel
Polka (The Age of Gold), 13 de abril de 1966, Hotel Philadelphia






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domingo, 21 de marzo de 2021

Schubert. Sinfonías nº 8 y nº 9. Wand. Orquesta Filarmónica de Berlín. 1995.

 


Estimados amigos despedimos la semana dejando un disco absolutamente bellísimo. Dos recreaciones portentosas del anciano maestro Wand que nos deja unas preciosas interpretaciones de dos obras que amaba y que frecuentaba en sus apariciones de concierto.

En este mismo espacio dejamos hace tiempo ya sus aproximaciones al frente de la Filarmónica de Múnich en unos discos igualmente maravillosos a los que les remitiré más adelante.

En estos registros con los berlineses la aproximación del maestro es similar, a sus años mantiene el pulso de forma excepcional, llena el recorrido de frescura, gracilidad, intensidad y belleza sonora a lo que contribuye, no hay que decirlo mucho más, la fantástica centuria berlinesa.

Pero es asombroso la facilidad con la que el maestro Wand saca esos sonidos tan bellos a las cuerdas y maderas de la orquesta, llenando de plasticidad los grupos orquestales dentro de ella, manejando esos tiempos y esos preciosos crescendos y decrescendos de la música de Schubert, como mantiene la hermosura en plena unión con la precisión técnica y como es capaz de llegar a sacar el alma de estas dos hermosas obras. Una verdadera maravilla.


La Sinfonía nº 8 en si menor, D. 759, de Franz Schubert, fue compuesta en 1822 pero no fue descubierta hasta varios años después de la muerte del compositor. Se le atribuye clásicamente el nº 8 pero en las numeraciones actuales es la nº 7.

Fue estrenada después de la muerte de su autor, tras haber sido descubierta en casa de Anselm Hüttenbrenner, en Graz, por Johann Herbeck, director de la Orquesta de la Corte de Viena. La primera interpretación tuvo lugar el 17 de diciembre de 1865 en la misma Viena.

La Sinfonía nº 9 en do mayor, D.944, La Grande fue compuesta por el maestro entre 1825 y 1826 siendo revisada en marzo de 1828. Su estreno tuvo lugar el 21 de marzo de 1839, once años después de la muerte del compositor, en Leipzig bajo la dirección de Félix Mendelssohn.

Después de algunos intentos fallidos de estrenar la obra, tachada de compleja y larga, fue a finales de 1838 y principios de 1839, cuando Schumann visitó la tumba de Schubert y a su hermano Ferdinand que empezó su reconocimiento. Fue en casa de Ferdinand donde descubrió la sinfonía en medio de una inmensa pila de manuscritos y papeles desordenados. Gracias a su iniciativa y perseverancia la obra se envió a los conciertos Gewandhaus de Leipzig y de ahí al citado estreno de la mano de Mendelssohn.

Espero que disfruten de estas dos joyas musicales de la mano de Wand y la Filarmónica de Berlín. Merece la pena y admiraremos el arte que el tiempo atesora en las manos de un grande de la dirección orquestal.